¿Por qué no recibo lo que pido?

¿Te ha pasado que le pides algo a Dios, insistes mucho, tienes toda la fe y paciencia del mundo, pero por más que pase el tiempo no recibes lo que estás pidiendo? Y en esos versos descubriremos el conflicto que suele estar en algunos de nosotros como creyentes, la falta de oración y el pedir con egoísmo. Quizás el apóstol Santiago pueda arrojarnos un poco de luz al respecto.

2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Santiago 4:2-3

El apóstol Santiago escribe a estos hermanos que estaban batallado con los deseos de la carne. De la misma manera puede que nosotros estemos batallando con deseos de la carne, pero descubrimos algo esencial y es lo que determinará nuestra victoria o derrota.

Todas estas batallas que ellos estaban teniendo era porque estaban luchando de la manera equivocada, “combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís”. Simplemente no estaban involucrados en el tema de la oración, no estaban combatiendo los deseos de la carne con la oración. Debemos saber como creyentes que la oración debe ser primordial para mantenernos firmes contra los deseos de la carne.

Acerca de esto Spurgeon dijo:

«Si podéis tener todo pidiendo, y nada sin pedir, os ruego que veáis lo absolutamente vital que es la oración, y os suplico que abundéis en ella […]. ¿Sabéis, hermanos, qué grandes cosas se pueden tener por el hecho de pedir? ¿Habéis pensado alguna vez en ello? ¿No os estimula a orar con fervor? Todo el cielo está al alcance del que pide; todas las promesas de Dios son ricas e inagotables, y su cumplimiento se obtiene con la oración»

Por último, está la parte del pedir con egoísmo. La oración no se trata de ir delante de Dios con una lista de cosas que son más allá de nuestras necesidades.

Hay que recordar que cuando vamos en oración delante de Dios , debemos hacerlo pidiendo que se haga Su voluntad, no la nuestra. Y ahí radica la diferencia entre una oración egoísta y una según la voluntad del Señor. ¿Cuál estás haciendo tú?

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