Ten misericordia de mí, oh Dios

La misericordia de Dios en nuestras vidas es muy importante, pues día tras días permite que seamos restaurados, que Dios tenga cuidado de nosotros, nos protege y nos cubre con su infinita gracia. Glorifiquemos al Señor con todo lo que tenemos, nuestro Dios es bueno.

La bondad del Señor es para siempre, seamos sabios en todo momento, ¿Acaso no es nuestro Dios quien nos cubre día tras día? Con Su infinita misericordia somos rescatados de todo lo que el enemigo pone delante de nosotros para que nos detengamos del propósito divino del Señor.

Había un hombre llamado David, el cual fue ungido como rey, pero todavía no había tomado el cargo, hombre valiente, lleno de virtudes. Con sus alabanzas sabía conquistar la presencia del Dios todopoderoso, la misericordia de Dios siempre le acompañaba, de manera que, todo lo que se levantaba en contra de este hombre, tenía que caer.

1 Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre;
Me oprime combatiéndome cada día.

2 Todo el día mis enemigos me pisotean;
Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia.

3 En el día que temo,
Yo en ti confío.

Salmos 56:1-3

Claramente el salmista David confiaba en el Señor, en que Su misericordia siempre estaba con Él, aunque sea perseguido estaba seguro de que Dios no lo dejaría solo, que así como pudo estar en aquellos días donde tenía que combatir con leones, osos, entre otros animales, el Señor también estaba ahí.

El salmista a veces se sentía que estaba solo, pero eso no lo detenía, ya que este hombre sabía procurar que la misericordia de Dios no lo dejaría, pasaba por momentos de angustia, persecución, pero el Señor siempre le daba la victoria, este hombre termina diciendo lo que dice en el verso 3 de la lectura anterior: “En el día que temo, yo en ti confío”.

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