Testigos de la gloria de Cristo

Pedro y los demás apóstoles sabían bien las cosas que estaban enseñando, ellos eran testigos de la gloria de Cristo, y cuando decimos “testigos”, lo decimos en el sentido literal de la palabra. Ellos sabían que estaban enseñando las cosas que habían visto, no que venía de un cuento de hadas, sino que pudieron presenciar la gloria de Cristo.

16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.

18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.

2 Pedro 1:16-18

Pedro hace esta declaración para que sepan con claridad que todas esas penurias, azotes, cárceles, y todas las aflicciones por las cuales ellos atravesaban gozosos en el Señor, eran soportadas de manera honrada, ya que sabían que lo que predicaban y enseñaban no provenía de un cuento popular, sino que ellos mismos tuvieron el privilegio verlo con sus propios ojos.

Pedro vio la majestad de Jesús muchas veces, pero en 2 Pedro 1:17 se está refiriendo a cuando Jesús se transfiguró en el monte en Mateo 17, ya que en ese texto habla de una voz desde los cielos que dice: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia”.

Sepamos bien que Pedro utilizó esta defensa porque el mensaje del Evangelio siempre ha tenido sus detractores y él tenía que decir con claridad que sus enseñanzas no eran cuentos sino verdad y poder de Dios.

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